Para inicios de cada año, es casi imposible no reflexionar sobre todo lo que acontece, tanto en la vida personal de cada individuo como en la sociedad. Y tener un propósito de educación precisamente es un tema esencial para el crecimiento de las personas y el avance de todos.

Un propósito de educación como plan a largo plazo

Enero es un mes de planes, un mes para proyectar lo que vamos a retomar o empezar como propósito de año nuevo, y muchos de nosotros tomamos un propósito de educación. 

¿Pero cuáles son las metas más comunes y con que frecuencia las llevamos a término?

Muchas veces nuestros planes dependen de circunstancias ajenas a nosotros y eso nos lleva a una gran frustración por no obtener lo que
deseamos, pero ¿qué pasa cuándo nuestros planes dependen 100% de nosotros, de nuestros esfuerzos y convicciones?

Aquí es donde es considerable re plantearnos algunas metas, para no saltar etapas y procurar que lo obtenido sea por mérito propio y no de la suerte.

Un propósito de educación nos da la certeza que lo conseguido en esa faena será por esfuerzo personal, y no por otras circunstancia. No queremos decir con esto que sea fácil, pero ciertamente será mas gratificante y para toda la vida. 

¿Cuáles deseos esenciales nos acercan a nuestras metas?

Los deseos como algo insaciable giran en torno a la superación, una autorrealización que nunca se acaba.

Si deseamos abundancia la estaremos recibiendo siempre, porque es una motivación, que como lo definió Abraham Maslow: “es un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta de la persona hacia metas o fines determinados; es el impulso que mueve a la persona a realizar determinadas acciones y persistir en ellas para su culminación.” Por tanto,
podemos asociar las metas que cumplimos con la motivación que tenemos para realizarlas.

¿Dónde se encuentra la educación en esta pirámide motivacional?

Las metas y la educación

Para quiénes no la conocen, esta pirámide se compone en su base de necesidades básicas del ser humano: comer, dormir, seguridad… para luego ir escalando a necesidades más “de superación” si se puede llamarle así: afecto, autoestima y la propia autorrealización que nunca acaba y se
nutre de cada uno de nuestros logros.

La educación viene a estar implícita en cada uno de los peldaños más elevados del ser humano, ya que esta permite nuestra seguridad en el ámbito laboral y en el afectivo; porque encontramos muchos pares al compartir el camino de los estudios; en el autoestima pues nos ayuda a sentirnos más preparados, y en la autorrealización como meta máxima donde entre más herramientas obtengamos a través de la educación más podremos realizar nuestros sueños que tal vez hoy por hoy parezcan lejanos o no sepamos el camino hacia ellos.
Esa es la razón por la que escribimos sobre el propósito de educación. La
educación es sin duda, uno de los mejores propósitos, porque con ella se
construyen posibilidades de alcanzar cualquier cosa que nos propongamos.

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