En la década de 1970 muchas personas decidieron cruzar la frontera con Nicaragua para participar en la campaña de alfabetización que promovió la Revolución Sandinista. Esas personas se encontraron con una población nicaragüense  que no tenía las herramientas necesarias para ascender en la movilidad social, se encontraron con un grupo que no veía las oportunidades para mejorar su estilo de vida y sobre todo encontraron la necesidad de realizar un cambio a través de la educación. 

¿Qué hicieron los costarricenses que llegaron a colaborar? Compartieron un regalo precioso: la educación. Pero esa educación no estaba basada únicamente en enseñar letras y números, sino en ir más allá, en construir una visión de mundo que le permitiera al pueblo luchar y trabajar por mejorar su vida.

Años después en el mundo, Nelson Mandela demostró en Sudáfrica que no por pertenecer a una raza marginada, no podía adquirir los conocimientos que le llevaron a luchar por sus sueños y el sueño de los suyos. Es precisamente este personaje el que acotó la frase: “la educación es la mejor arma para cambiar el mundo”.

¿Como se produce el cambio a través de la educación?

Más allá de aprender números y las letras, se refiere al poder del conocimiento, ese que nos permite generar propuestas a las problemáticas del mundo, el que nos permite dialogar, discutir de forma sana, entablar negociaciones y estrategias, siempre buscando el bien común.

La educación es un arma poderosa sin duda alguna, y si bien existen diversas formas de proponerla, de enseñarla, de conocerla, hay un solo objetivo al final, y es regalar esperanza. Esa esperanza en que los sueños son posibles, desde el sueño personal que arrastramos cuando somos niños, hasta el sueño comunitario que nos mueve a trabajar para mejorar la vida de nuestras familias, comunidades e incluso países.

Mandela y los costarricenses, son solo ejemplos de personas que decidieron compartir un regalo valioso que llevaban por dentro, pero ese regalo también pasó por la construcción de ellos mismos de sus metas. Si ambos personajes no hubieran decidido luchar por mejorar, la historia hubiese sido otra, Mandela no se justificó en sus condiciones de vida, sino que salió a demostrar que como persona merecía estudiar, hablar y expresar.

De igual forma, los costarricenses no tuvieron miedo de empacar sus conocimientos para compartirlos con otras personas. Y hoy es el día para que nosotros tampoco tengamos miedo de hacer el cambio; ese que nos va a permitir surgir desde nosotros mismos para luego compartir nuestros dones con quienes los necesitan.

Oportunidades para propiciar el cambio

Hoy desde el programa Educándote Ya, ese es el objetivo. Compartir educación, regalar esperanza, sembrar semillas de cambio en el mundo. 

En Costa Rica también existen aquellos que por sus historias de vida no han logrado alcanzar sus sueños ni finalizar un ciclo educativo. Y es para esas personas es que se abren oportunidades de luchar.

Brindar educación pasa por ser más humanos, por acercarse a las realidades de quienes nos rodean, y compartir aquello que otros sí hemos podido lograr, no por ser mejores, sino porque tuvimos mejores oportunidades.

¿Por qué no crear las oportunidades para los demás?

Mandela comparaba la educación con las armas, porque en su historia fue el elemento que visualizó como poderoso. Hoy prefiero comparar la educación con lucha, porque es con la que este país ha sacado adelante sus objetivos, con trabajo y esfuerzo. El necesario para lograrlo.

¡Regalemos educación! Sin importar el método, sino mirando a los ojos la necesidad y potencialidad de cada persona que la necesita, que la quiere, ¡Regalemos felicidad! ¡Regalemos esperanza! Porque al final las acciones cotidianas pasan por compartir y buscar en unión, una mejor sociedad, un mejor futuro.

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